Hasta ahora, los sucesos en el Norte de África tenían un significado confuso, y no pasaban de provocar un efecto vaga y seductora ensoñación en la izquierda internacional. Sin embargo, las cosas cambian cuando esa oleada de revueltas llega a Libia, presunto regimen progresista y pseudo-socialista. Pues bien, creo que Libia es un escenario crucial, no ya por destapar una conjura yanqui-sionista, que con toda probabilidad existe y constituye un factor más que abrá que ir acotando; sinó porque equivale a la clave del arco de las relaciones entre occidente, en su encarnación Europea, y los regímenes del Magreb.
Por tanto, a las de especulaciones sobre el significado de estas revueltas en la estrategia geopolítica que pivota en torno a Israel, habría que sumar dos elementos clave: la inmigración y el petroleo.
La relación entre Europa y Libia, efectivamente, se arquitecta sobre ambos factores, y si se analiza en toda su crudeza, revela las costuras de este sistema infame que rige la vida de los pueblos en todo el globo: el uso de las personas y los recursos naturales como combustible a quemar en la caldera del beneficio infinito de las clases dirigentes y sus perros guardianes correspondientes.Es bien conocido el chantaje que hace Gadafi con el petroleo a Occidente: el lider libio, desde luego, tendría derecho a gestionar el petroleo de su país como quisiera... si realmente fuera suyo, y no de su pueblo, y no utilizara la riqueza nacional en beneficio propio y de su clan.
Menos comentados en cambio son los acuerdos entre los regimenes de ambas orillas del mediterraneo en materia de migración “ilegal”. En este sentido hay que destacar los acuerdos entre Libia e Italia, que pasan por la contención y represión criminal de los flujos migratorios por parte de Libia (hay casos de inmigrantes que prefieren morir en el mar que volver a las cárceles Libias). Si la política sobre inmigración en Italia es criminal (por un lado se trata a las personas como escoria, y por otro se utiliza su situación de clandestinidad para tener una masa de mano de obra esclava y sin derechos), el regimen de Gadafi es la otra cabeza de puente.
Creo que ese castillo de acuerdos inmorales y criminales entre occidente y esos dictadorzuelos, ese mercadeo capitalista de recursos naturales y de poblaciones que van de un lado a otro a cambio de favores entre los dirigentes de aquí y de allí, esa lógica que sitúa a los pueblos árabes entre la espada islamista y la pared de las dictaduras colaboradoras de occidente, debe saltar por los aires: los pueblos deben ser soberanos, dueños de sus recursos, y autogobernarse; el petroleo y las masas desesperadas debe poder quedarse y prosperar en su lugar de origen, o venderse por lo que valen y son (recursos fósiles limitados y contaminantes) o venir con dignidad, no como botin de guerra ni como esclavos.
Ante estos hechos, la izquierda debe sincronizarse con el pueblo, sinó quiere quedarse vacía. De otro modo, ¿qué alternativa le queda? ¿apoyar a Gadafi por miedo a la CIA? ¿no es eso un fantasma, como el que agita occidente sobre el islamismo, para paralizar o privar de apoyo a las revueltas? ¿y si el miedo a la CIA también fuera un instrumento de la CIA? bien podía serlo, siguiendo esa lógica. Es verdad que EE.UU e Israel ya estarán moviendo sus hilos, y habrá que desvelar su juego, pero hay que recordar que históricamente siempre se ganó esa batalla por la izquierda: los bolcheviques superaron a los mencheviques, los jacobinos se impusieron a los girondinos... pero antes derrotaron a los zares y a la aristocracia.
En todo caso, hoy por hoy, esos movimientos, unidos a la experiencia de la pasada década en América Latina, son la única esperanza para la izquierda, que cumpliría un triste y precario papel si se auto-limitara a defender regimenes corruptos y delirantes. Hay que empezar a apostar por el futuro, sobre todo ante un pasado naufragado. Gadafi no puede exportarse a otros países, pero las revueltas sí. La marea debe derribar los castillos. Se trata de liberar los granos de arena.
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