jueves, 24 de febrero de 2011

CASTILLOS DE ARENA

Hasta ahora, los sucesos en el Norte de África tenían un significado confuso, y no pasaban de provocar un efecto vaga y seductora ensoñación en la izquierda internacional. Sin embargo, las cosas cambian cuando esa oleada de revueltas llega a Libia, presunto regimen progresista y pseudo-socialista. Pues bien, creo que Libia es un escenario crucial, no ya por destapar una conjura yanqui-sionista, que con toda probabilidad existe y constituye un factor más que abrá que ir acotando; sinó porque equivale a la clave del arco de las relaciones entre occidente, en su encarnación Europea, y los regímenes del Magreb.


Por tanto, a las de especulaciones sobre el significado de estas revueltas en la estrategia geopolítica que pivota en torno a Israel, habría que sumar dos elementos clave: la inmigración y el petroleo.


La relación entre Europa y Libia, efectivamente, se arquitecta sobre ambos factores, y si se analiza en toda su crudeza, revela las costuras de este sistema infame que rige la vida de los pueblos en todo el globo: el uso de las personas y los recursos naturales como combustible a quemar en la caldera del beneficio infinito de las clases dirigentes y sus perros guardianes correspondientes.Es bien conocido el chantaje que hace Gadafi con el petroleo a Occidente: el lider libio, desde luego, tendría derecho a gestionar el petroleo de su país como quisiera... si realmente fuera suyo, y no de su pueblo, y no utilizara la riqueza nacional en beneficio propio y de su clan.


Menos comentados en cambio son los acuerdos entre los regimenes de ambas orillas del mediterraneo en materia de migración “ilegal”. En este sentido hay que destacar los acuerdos entre Libia e Italia, que pasan por la contención y represión criminal de los flujos migratorios por parte de Libia (hay casos de inmigrantes que prefieren morir en el mar que volver a las cárceles Libias). Si la política sobre inmigración en Italia es criminal (por un lado se trata a las personas como escoria, y por otro se utiliza su situación de clandestinidad para tener una masa de mano de obra esclava y sin derechos), el regimen de Gadafi es la otra cabeza de puente.


Creo que ese castillo de acuerdos inmorales y criminales entre occidente y esos dictadorzuelos, ese mercadeo capitalista de recursos naturales y de poblaciones que van de un lado a otro a cambio de favores entre los dirigentes de aquí y de allí, esa lógica que sitúa a los pueblos árabes entre la espada islamista y la pared de las dictaduras colaboradoras de occidente, debe saltar por los aires: los pueblos deben ser soberanos, dueños de sus recursos, y autogobernarse; el petroleo y las masas desesperadas debe poder quedarse y prosperar en su lugar de origen, o venderse por lo que valen y son (recursos fósiles limitados y contaminantes) o venir con dignidad, no como botin de guerra ni como esclavos.


Ante estos hechos, la izquierda debe sincronizarse con el pueblo, sinó quiere quedarse vacía. De otro modo, ¿qué alternativa le queda? ¿apoyar a Gadafi por miedo a la CIA? ¿no es eso un fantasma, como el que agita occidente sobre el islamismo, para paralizar o privar de apoyo a las revueltas? ¿y si el miedo a la CIA también fuera un instrumento de la CIA? bien podía serlo, siguiendo esa lógica. Es verdad que EE.UU e Israel ya estarán moviendo sus hilos, y habrá que desvelar su juego, pero hay que recordar que históricamente siempre se ganó esa batalla por la izquierda: los bolcheviques superaron a los mencheviques, los jacobinos se impusieron a los girondinos... pero antes derrotaron a los zares y a la aristocracia.


En todo caso, hoy por hoy, esos movimientos, unidos a la experiencia de la pasada década en América Latina, son la única esperanza para la izquierda, que cumpliría un triste y precario papel si se auto-limitara a defender regimenes corruptos y delirantes. Hay que empezar a apostar por el futuro, sobre todo ante un pasado naufragado. Gadafi no puede exportarse a otros países, pero las revueltas sí. La marea debe derribar los castillos. Se trata de liberar los granos de arena.


martes, 22 de febrero de 2011

La verdad

En estos tiempos tan convulsos, enmarcados en la lucha feroz por el dominio absoluto del planeta y sus recursos, por parte del imperialismo de los EE.UU e Israel y su cohorte de seguidores, no siempre es fácil identificar el bien, ubicarse ante un conflicto y saber en cada momento de qué lado estar. Y esto es así porque a menudo las cosas no se presentan de un modo diáfano e inequívoco, y los países que tienen el coraje de desafiar al imperio albergan sus propias miserias, que no pueden siempre justificarse por la influencia occidental o la conjura americano-israelí.

Ante los hechos de Líbia, por ejemplo, uno piensa en lo fácil era dejarse arrastrar por la pasíon del pueblo tunecino, o la lucha incansable de los egipcios; o qué justa nos parece la causa palestina o saharaui, cuando vemos al ejército israelí o marroquí masacrando a la población civil. Pero en ocasiones el imperialismo utiliza tácticas mucho más sutiles, y entonces ¿qué hacer si se infiltra en movimientos insurgentes, contra presuntas dictaduras, que encima responden abriendo fuego real contra su propio pueblo? ¿qué hacer si, por ejemplo, los hechos de Tiananmen en el 89 o de Srebrenica en el 95 son ciertos, aunque sólo sea en parte? por no hablar de los métodos represivos o de control de la población en los países de la antigua URSS.

Estos hechos, desde luego, no hacen bueno al capitalismo dominante. Pero tampoco sucede al revés: las miserias del capitalismo occidental no justifican cualquier cosa en el otro bando, pues a fin de cuentas, se supone que ante el capitalismo hay que construir una alternativa mejor. Esto parece obvio, pero a menudo domina una mentalidad de guerra fría donde la información es utilizada como un arma por ambos bandos; y de este modo los valores morales y la verdad misma acaban degradándose a apreciaciones relativas, más o menos elásticas y huecas. Pero entonces, ante el horror, uno se da cuenta de que ha hipotecado sus palabras, y tiene que ahogar sus sentimientos humanos en el silencio cómplice, o contraponer cuestiones geopolíticas o ideológicas más o menos abstractas.

Por eso creo que en todos los casos, es esencial determinar la veracidad de los hechos, dar la versión más completa de los mismos, en su contexto y con sus causas; y es evidente que esa veracidad no debe buscarse en los medios de comunicación alineados, o infiltrados de intereses tácticos. Pero es fundamental tener claro que la verdad no es un accidente despreciable: en el fondo son los hechos los que ponen a un régimen del lado del bien o del mal, y no es la presunta virtud de un regimen o dirigente el que hace que todos sus actos sean virtuosos, independientemente de su dimensión objetiva, como si estuviera respondiendo a una función histórica escrita de antemano. Esto parece muy obvio, pero en la búsqueda de la justicia social, de la construcción de un mundo mejor y de la lucha por el bien, a veces nos dejamos la verdad y la razón por el camino, y cuando nos damos cuenta no tenemos más que nuestra estéril voluntad de creer.

martes, 8 de febrero de 2011

Terrorismo

Los EE.UU practican el terrorismo. Han matado a millones de civiles en innumerables guerras las últimas décadas, apoyan y han apoyado golpes de estado fascistas y a los tiranos más sanguinarios a lo largo y ancho del globo. Han despojado a los pueblos del tercer mundo de sus recursos, son un estado racista que practica la tortura en campos de concentración como Guantánamo. Han alimentado, entrenado y creado grupos terroristas para desestabilizar regímenes nacidos de la voluntad popular.


El Estado de Israel practica el terrorismo, el apartheid y la limpieza étnica. Está llevando a cabo un genocidio ante los ojos del mundo, con total impunidad.


El rey de Marruecos, Hassan II, practica asímismo el terrorismo, la tortura y el genocidio contra el pueblo saharahui, cuyo territorio ha invadido y mantiene ocupado, violando el derecho internacional y los mandatos de la ONU.


Estos son algunos de los "amigos" del Estado Español, el cual, además de ser el segundo país del mundo exportador de armas, ha participado directamente en guerras terroristas, fuera de la ley. Además de eso, hunde sus raíces en el régimen anterior, muchos de cuyos terroristas han seguido ocupando sus cargos en el poder político, militar, policial y judicial hasta su muerte o hasta hoy mismo, y que aún se honran en las placas de muchas calles o en puestos honoríficos en partidos políticos, a pesar de haber firmado ejecuciones de muerte u ordenado brutales represiones dentro de aquel aparato terrorista. En el Estado Español, aún después del final oficial de la dictadura, se han creado grupos terroristas desde el gobierno, se han ordenado asesinatos y desapariciones desde el poder ejecutivo y a día de hoy se sigue practicando la tortura sistemática.Más recientemente se ha desarrollado una legislación de excepción que ha llevado al cierre de medios de comunicación, a la ilegalización de partidos políticos y al encarcelamiento de personas que no habían cometido más delito que el de expresar sus posiciones políticas.


La OTAN, de la que forma parte el Estado Español y sus amigos, practica el terrorismo. Han sembrado los Balcanes de uranio empobrecido, ha utilizado armamento ilegal en Iraq y en Gaza, ha bombardeado ciudades como Belgrado o Bagdad, y ha practicado la tortura y la violación sistemática de derechos fundamentales.


EL FMI, las agencias de calificación y los grandes bancos, practican una variedad sofisticada de terrorismo que no deja muertos directamente, pero les permite doblegar la voluntad de los países y suspender su soberanía. Asistimos atónitos a cómo los dictados del poder financiero internacional, bajo la amenaza de los especuladores, pisotean las llamadas "democracias" en que vivimos y ponen a los gobiernos de rodillas, sin necesidad de disparar un sólo tiro, y por supuesto con la complicidad de la prensa "libre", que en ningún momento denuncia este chantage terrorista, ni el tremendo precio político que estamos pagando a cambio de la promesa de una cierta paz económica.


El paro es terrorismo, y no sólo para la legión de desempleados que aceptaría sin rechistar un trabajo a cualquier precio. También para los que viven bajo la espada de damocles del despido cada vez más fácil, que se ven desarmados en el derecho fundamental de defender sus derechos, para una generación entera de jóvenes que ve extinguirse sus posibilidades de prosperar, independizarse y tener hijos, mientras asiste a la explotación laboral de sus padres, que a veces hacen el trabajo correspondiente a dos personas hasta los sesenta y siete años.


Por todo quiero manifestar mi más enérgica condena a la lucha armada de ETA, que en rigor, no es exactamente terrorismo