jueves, 15 de abril de 2010

LÍNEAS


Pensar es trazar líneas. Líneas que unan conceptos aparentemente alejados, desvelando relaciones ocultas que fluyen en el subsuelo. Estos días se habla de un hecho insólito y kafkiano. El juez que se había propuesto abrir un procedimiento para juzgar los crímenes de el franquismo, impunes desde hace más de setenta años, que han ensombrecido siempre la legitimidad del actual régimen constitucional español; ese mismo juez, deberá sentarse en el banquillo acusado de "prevaricación" por haber ignorado las leyes de amnistía, aprobadas en la transición. Inútil recordar el contexto particular en que se aprpbaron dichas leyes, negociando con los retazos del régimen su "transustanciación" en democracia, por arte de birlibirloque. Es innecesario apuntar que toda concesión de la democracia a un regimen fascista no podrá producir nunca una democracia plena, sinó un régimen rebajado por las condiciones de los que nunca fueron vencidos. Pero es escandaloso que ese mismo régimen pase a la ofensiva contra los que pretenden ahondar en su virtualidad democrática, con una reacción que precisamente hunde sus raíces en el fango de aquellos acuerdos tan injustos. De este modo el régimen se reafirma en su carácter más provisional, corrupto y perverso. A través de acciones como esta, se quita la máscara democrática, pues son las fuerzas que representan los intereses del regimen anterior las que mueven los hilos. Si esto se da por bueno, será la última paletada de tierra sobre la legitimidad del actual régimen político español.

Pero decía que pensar es trazar líneas. Estos días ha salido a la luz la noticia de que los encausados -por la misma Audiencia Nacional- en el proceso abierto contra el diario vasco "Egunkaria" han resultado absueltos. Pues bien: el cierre preventivo de un diario, fuera de un estado de excepción, es un acto ilegal dentro de la Constitución. Este acto ilegal ha tenido como consecuencia la extinción de tal diario, un cuantioso volumen de gastos y todo un calvario para los acusados, atrapados en el vórtice de la injusticia española durante siete años, sometidos a toda clase de penalidades, entre ellas torturas. Cualquiera que se hubiera asomado a ese diario habría descubierto que lo único que tenía en común con ETA era la utilización del euskara, y el hecho de que algunas de sus firmas fueran de ideología independentista. Pero no faltaban colaboradores de otras tendencias, con entrevistas y artículos incluso de gentes del Partido Popular. Pero eran los años de plomo posteriores al 11-S, se había habierto la veda y el gobierno Aznar se sentía envalentonado en su particular "guerra al terror" en el jardín de casa.

Pues bien. Esos jueces quedarán impunes. Nadie les acusará de prevaricación. Este régimen no se sentará en el banquillo a sí mismo.