martes, 5 de febrero de 2008




Hay que refundar la izquierda, desde la base. Hay que devolverle su sustancia: participación popular... el pueblo debe reconquistar la cultura, que debe ser su suelo seguro, no su techo. La cultura es de los pueblos. La libertad humana, para ser plena, necesita de la redención colectiva, la liberación de los pueblos. Los pueblos son el ámbito de la libertad humana, pues la libertad personal no puede realizarse fuera de ellos, si pretende ser humana. La izquierda es la libertad del pueblo, la dignidad de su soberanía, de su identidad autorreferencial; su independencia.

"Sans-culottes" es el nombre que se le dio a un colectivo que irrumpió en la Revolución Francesa para llevarla a sus últimas consecuencias: la conquista del poder popular. Fueron llamados Sans-culottes por vestir los típicos pantalones del pueblo llano, hasta entonces extraños a la vida política, poblada por los "culottes" o calzones cortos propios de la nobleza y la burguesía.

El pueblo debe irrumpir de nuevo en la escena pública vistiendo sus propias ropas, recuperando sus viejos valores, marcando las distancias con el aparato ideológico-institucional de la burguesía. La burguesía tiene la titularidad del poder, pero nosotros, el pueblo, somos la verdadera fuerza económica: en nosotros está la capacidad de crear cultura y renovarla, el ingenio, el arte, el derecho. La libertad no existe sin nosotros, pues si el pueblo está cautivo y alienado, la libertad es un vacío ocupado por la violencia y la ley del más fuerte. La justicia, la paz... solo tienen sentido si se conjugan colectivamente, desde los pueblos y para los pueblos.

Debemos desprendernos de los ropajes de la burguesía y comenzar a crear nuestra propia cultura, a desarrollar nuestra ideología, a vivir en libertad. No hay nada más revolucionario que ser, y ejercer la propia capacidad de ser. Eso es la soberanía, ante la cual todo poder ilegítimo palidece y se debilita. Hay que recuperar la conciencia colectiva. Hay que rebelarse.