jueves, 18 de noviembre de 2010

ES LA GUERRA

No sé si la historia fue siempre así. Pero en la actualidad parece una sátira de sí misma, una farsa burda y grotesca... ¿hasta cuando va a mantenerse esta ficción, de que vivimos en una democracia gobernada por y para los ciudadanos? ¿acaso no es evidente que la ley está hecha pensando en las necesidades del gran capital? no somos ya ciudadanos. Nos hemos convertido en carne de cañón para la guerra que las grandes empresas sostienen entre sí, por el saqueo de todos los recursos de la Tierra. No somos más que leña para alimentar las calderas insaciables del máximo beneficio, y poco importan nuestros sueños, nuestros planes, nuestro valor como personas y el valor de tantos recursos naturales que se están expoliando... las cosas ya no tienen valor, sólo un precio, sujeto a las estrategias bélicas de esas grandes empresas. Y los que no sirven ni para arder, o ya están carbonizados serán apartados sin piedad como residuos. ¡En eso nos han convertido! pero encima, como en aquella película de los hermanos Marx, quieren quemar todo el tren, el mismo medio que les sirve de soporte... y al grito de ¡más madera, es la guerra! nos dejamos arrastrar en su viaje suicida y antropófago. ¿Acaso no podemos desenganchar la locomotora? ¿vamos a dejar que el mundo se convierta en un gran campo de concentración, en una granja de esclavos?


sábado, 9 de octubre de 2010

EL PROBLEMA ES LA EMIGRACIÓN


El problema de la inmigración no se resuelve con políticas de integración. Eso es sólo un modo de gestionar el problema, no de resolverlo. Actúa sobre los síntomas igual que el hielo sobre la fiebre. Desde luego, mucho peores son las recetas de la derecha, que cuando no mantienen a las personas inmigrantes fuera del estado de derecho y de sus leyes, convirtiéndolas en mano de obra esclava que es a la vez instrumento para recortar los derechos de la clase trabajadora en general; abogan directamente por expulsiones y otro tipo de políticas represivas que violan flagrantemente los derechos humanos más elementales. La izquierda debe pues afrontar este problema de raíz, porque es un problema nacido y alimentado por el sistema capitalista: el problema es que la gente de tres cuartas partes del mundo vive en la pobreza, muchos en la más absoluta de las miserias, y eso tiene que ver, desde luego, con nuestra situación de opulencia. Ellos vienen aquí buscando lo que debería también ser suyo, disfrutar de las migajas de un mundo construido sobre la explotación y el expolio de sus propios países. Y vienen aquí, a ser explotados, a cambio de poder participar de lo que proclamamos a los cuatro vientos como cumbre de la civilización humana. Ahora bien: tener que abandonar la propia tierra, la propia familia y seres queridos es un drama para cualquier persona. El problema es la desigualdad entre los distintos países, el problema es de nuevo, el sistema capitalista, y no se puede afrontar ningún aspecto relativo a la presencia de inmigrantes de estos países empobrecidos en el mundo llamado "desarrollado" sin tener en cuenta que cuando se habla de inmigración, el problema mayor es la emigración por necesidad.

lunes, 21 de junio de 2010

SIN OTRO MUNDO NO ES POSIBLE

Me pregunto por qué hay tan poca gente que va al meollo de la cuestión, incluídas personas que teóricamente encabezan partidos políticos que pretenden transformar el sistema, y pierden su escaso tiempo disponible ante los micrófonos para gastar aún más algunos lugares comunes que se van quedando huecos. Estamos ante una cuestión que antes que política es lógica, racional y científica: no se trata tanto de decir que otro mundo es posible como de asumir que este mundo no es posible mantenerlo mucho más tiempo, que sin otro mundo no es posible. El problema está en la esencia misma del sistema socio-económico que nos estrangula: no es posible el crecimiento ilimitado, no es viable un mundo basado en el interés privado, la humanidad es una especie o no es nada, y necesita asumir tomar conciencia de especie. Ningún individuo es inmortal, y por sí mismo no vale nada. Para asegurarnos nuestro futuro -el del planeta, afortunadamente, no depende de nosotros, pues seguirá ahí, aunque sea en forma de mineral poblado de bacterias- debemos salir del absurdo pozo del individualismo autodestructivo fraticida.

Los recursos son los que son. No se trata de competir por acapararlos todos, sinó de organizar un reparto justo de los mismos. Y debe ser justo no sólo entre los miembros de la especie humana, sinó también entre todas las especies que constituyen el ecosistema. "Producir" y "crecer" son ya actividades perversas, unas manías completamente inútil e irracional llegados a este punto, en el que hace décadas que hemos desbordado los límites de nuestra propia base de crecimiento. Débemos desempolvar la razón, tan olvidada en los últimos tiempos, y distinguir las prioridades: empezar por ponerle fin a nuestra expansión cancerosa por el mundo y retirarnos a nuestro nicho ecológico, y a partir de ahí, poner todo nuestro esfuerzo y capacidad tecnológica para garantizar las mejores condiciones de vida posibles para todos los miembros de nuestra especie, en un nuevo "desarrollo" hacia dentro, de decrecimiento planificado, desarrollarlo sobre la base del principio de los derechos humanos, ante los que todos los sujetos somos iguales. Un elemento esencial de ese proceso es el principio no ya de reparto de la riqueza, entendida como un botín arrebatado a la naturaleza, sinó de los recursos que nos corresponden como especie, y sin pensar que somos sus dueños, sinó más bien lo contrario. El único recurso que ponemos como especie es nuestra capacidad de trabajo, de interacción con el medio, y este no debe sólo ser justo con el medio sinó también con los miembros de nuestra especie: por eso el trabajo es lo primero que debemos repartir de forma igualitaria, como cualquier otro recurso.

Ese es el marco en el que pintar nuestro cuadro. Lo mejor que podamos con los colores que hay.


jueves, 15 de abril de 2010

LÍNEAS


Pensar es trazar líneas. Líneas que unan conceptos aparentemente alejados, desvelando relaciones ocultas que fluyen en el subsuelo. Estos días se habla de un hecho insólito y kafkiano. El juez que se había propuesto abrir un procedimiento para juzgar los crímenes de el franquismo, impunes desde hace más de setenta años, que han ensombrecido siempre la legitimidad del actual régimen constitucional español; ese mismo juez, deberá sentarse en el banquillo acusado de "prevaricación" por haber ignorado las leyes de amnistía, aprobadas en la transición. Inútil recordar el contexto particular en que se aprpbaron dichas leyes, negociando con los retazos del régimen su "transustanciación" en democracia, por arte de birlibirloque. Es innecesario apuntar que toda concesión de la democracia a un regimen fascista no podrá producir nunca una democracia plena, sinó un régimen rebajado por las condiciones de los que nunca fueron vencidos. Pero es escandaloso que ese mismo régimen pase a la ofensiva contra los que pretenden ahondar en su virtualidad democrática, con una reacción que precisamente hunde sus raíces en el fango de aquellos acuerdos tan injustos. De este modo el régimen se reafirma en su carácter más provisional, corrupto y perverso. A través de acciones como esta, se quita la máscara democrática, pues son las fuerzas que representan los intereses del regimen anterior las que mueven los hilos. Si esto se da por bueno, será la última paletada de tierra sobre la legitimidad del actual régimen político español.

Pero decía que pensar es trazar líneas. Estos días ha salido a la luz la noticia de que los encausados -por la misma Audiencia Nacional- en el proceso abierto contra el diario vasco "Egunkaria" han resultado absueltos. Pues bien: el cierre preventivo de un diario, fuera de un estado de excepción, es un acto ilegal dentro de la Constitución. Este acto ilegal ha tenido como consecuencia la extinción de tal diario, un cuantioso volumen de gastos y todo un calvario para los acusados, atrapados en el vórtice de la injusticia española durante siete años, sometidos a toda clase de penalidades, entre ellas torturas. Cualquiera que se hubiera asomado a ese diario habría descubierto que lo único que tenía en común con ETA era la utilización del euskara, y el hecho de que algunas de sus firmas fueran de ideología independentista. Pero no faltaban colaboradores de otras tendencias, con entrevistas y artículos incluso de gentes del Partido Popular. Pero eran los años de plomo posteriores al 11-S, se había habierto la veda y el gobierno Aznar se sentía envalentonado en su particular "guerra al terror" en el jardín de casa.

Pues bien. Esos jueces quedarán impunes. Nadie les acusará de prevaricación. Este régimen no se sentará en el banquillo a sí mismo.

jueves, 25 de marzo de 2010

En defensa de la razón

Corren tiempos dramáticos. La grave crisis que ha hecho tambalear el capitalismo no conseguirá tumbarlo, y los pueblos y los ecosistemas del mundo seguiremos bajo el peso de su bota.

En occidente continúa el proceso fascistizante, de recorte de libertades y derechos duramente conquistados, de construcción de estados policiales, de alienación y vaciado moral de la sociedad. El sur del mundo sigue sufriendo el expolio de sus recursos, el hambre, las guerras.. el modelo de crecimiento continuo y acelerado continúa inyectando veneno al medio ambiente, y droga consumista en el cerebro de las personas, desactivando nuestra conciencia de clase y de especie.

La bandera de la razón, levantada con tanta dignidad y tanto sacrificio en una lucha que ha vertebrado nuestra historia ha sido pisoteada, hecha jirones, desprestigiada y enterrada en el barro. Vivimos en la sociedad de lo inmediato, de las emociones, de los caprichos, de los miedos, de las paranoias.. e incluso la gente que se dice heredera de esa lucha apenas es capaz de articular un discurso coherente. Debemos retomar la palabra, la iniciativa, el pensamiento, reconquistar la conciencia.


Basta de discursos parciales, condicionados por la sinrazón de los grandes medios propagandísticos del gran capital, que banalizan la realidad, frivolizan con la vida de las personas, inundan de hipocresía el espacio de la ética. Debemos desarrollar nuestro propio análisis del mundo, en función de nuestros propios valores, de lo que consideramos prioritario. La izquierda debe superar los complejos y las inercias, debe esforzarse intelectualmente, no refugiarse en los cómodos eslóganes: articular un discurso serio para articular la lucha. La honestidad intelectual, la verdad, el pensamiento; nunca fue tan revolucionaria: hay que quitarle la máscara al monstruo que atenaza nuestras sociedades anestesiadas, hay que prestigiar la razón.


Para ello una de las primeras medidas debe ser emanciparse de la moral hipócrita que tiene secuestrada nuestra capacidad crítica: no entrar por el aro de críticas y condenas parciales dictadas por la agenda de los medios de comunicación, ir al corazón de los problemas, a la fuente y el motor de miseria en el mundo, el capitalismo, entendido también como una fuente de perversión moral, un demonio del que es preciso extrañarse, para poder valorar la justa dimensión de las cosas.


Junto a la razón como instrumento, es necesario prestigiar la disciplina, la responsabilidad y la conciencia de nuestros propios deberes, la sinceridad, la honestidad y la crítica deben mantenerse alerta, la corrosión moral, el pensamiento vago y miserable nos mantendrá prisioneros de la caverna.


jueves, 11 de marzo de 2010

Sobre los toros

Creo que en este tema existen, como en todos los conflictos de moralidad-política, varios niveles, y cualquiera de ellos debe ser situado en su lugar jerárquico y contextualizado.

La "nuez" de la cuestión en este caso, el hecho en sí mismo, es si la fiesta de los toros es un hecho positivo o no, en sí mismo. Yo creo que no lo es, pues para mí es esencialmente el maltrato y muerte de un animal (yo no le llamaría tortura, pues en la tortura el dolor es el motor del acto, la parte esencial y buscada; mientras en las corridas de toros el dolor es algo más bien obviado, y lo que se busca es un espectáculo ritual basado en la lucha hombre-bestia, pero no en el dolor en sí mismo)

Ese hecho se puede justificar (contextualizar) dentro de una "tradición", como una especie de ceremonia, rito o festejo folclórico, con importantes valores identitarios para una comunidad. No creo que eso deba ser menospreciado, y me parecen muy hipócritas y rastreros quienes se cobijan en la crítica al hecho del maltrato animal, cuando en realidad lo que quieren derribar es la comunidad/identidad que alberga la fiesta de los toros, hipocresía que crece aún más cuando esas mismas personas ignoran o no atienden otros casos de maltrato animal o directamente al medio ambiente mucho más flagrantes. En ese sentido es cínica la actitud de quienes aceptan las condiciones que sufren los animales en las granjas por ser algo "necesario", para mantener nuestro sistema de vida; el mismo sistema de vida que ha puesto en jaque nuestro propio medio natural.

Por otra parte hay una instrumentalización igual pero en sentido contrario, de quienes utilizan la fiesta de los toros como elemento identitario de una hipotética "nación española", es decir, quienes buscan la hegemonía de una identidad-comunitaria por encima de otras en el ámbito de nuestro estado, al que quieren dotar de una estructura jerárquica de identidades, subyugando y colonizando otras culturas regionales, tomando una parte por el todo para constituir el estado en nación para bloquear eventuales procesos de articulación nacional en ciertas regiones en un proceso fraudulento y poco democrático, de imperialismo intra-estatal. Yo creo que la nación española, si llega a constituirse algún día, no debe ser como "tapón" de otras pujantes identidades regionales, ni como mutilación de las mismas, sinó como síntesis o convergencia de todas ellas, proceso del que cada vez nos alejamos más, pues hemos tomado la senda de la dialéctica.

Por todo ello, creo que la fiesta de los toros es algo negativo en sí mismo, que forma parte de la identidad de una comunidad, que en cuanto tal debe ser respetada, y que sólo puede ser atacada dentro de una crítica global y sistemática a todos los tipos de tortura, maltrato y explotación a los animales y la naturaleza en general, que debe ser puesto en su lugar en tal contexto y que en todo caso no debe ser utilizado como arma de oposición o lucha de dominio nacional de una comunidad sobre otra, o de una mayoría cultural sobre una minoría. En este caso, como en todo, el primer valor debería ser la honestidad.