jueves, 25 de marzo de 2010

En defensa de la razón

Corren tiempos dramáticos. La grave crisis que ha hecho tambalear el capitalismo no conseguirá tumbarlo, y los pueblos y los ecosistemas del mundo seguiremos bajo el peso de su bota.

En occidente continúa el proceso fascistizante, de recorte de libertades y derechos duramente conquistados, de construcción de estados policiales, de alienación y vaciado moral de la sociedad. El sur del mundo sigue sufriendo el expolio de sus recursos, el hambre, las guerras.. el modelo de crecimiento continuo y acelerado continúa inyectando veneno al medio ambiente, y droga consumista en el cerebro de las personas, desactivando nuestra conciencia de clase y de especie.

La bandera de la razón, levantada con tanta dignidad y tanto sacrificio en una lucha que ha vertebrado nuestra historia ha sido pisoteada, hecha jirones, desprestigiada y enterrada en el barro. Vivimos en la sociedad de lo inmediato, de las emociones, de los caprichos, de los miedos, de las paranoias.. e incluso la gente que se dice heredera de esa lucha apenas es capaz de articular un discurso coherente. Debemos retomar la palabra, la iniciativa, el pensamiento, reconquistar la conciencia.


Basta de discursos parciales, condicionados por la sinrazón de los grandes medios propagandísticos del gran capital, que banalizan la realidad, frivolizan con la vida de las personas, inundan de hipocresía el espacio de la ética. Debemos desarrollar nuestro propio análisis del mundo, en función de nuestros propios valores, de lo que consideramos prioritario. La izquierda debe superar los complejos y las inercias, debe esforzarse intelectualmente, no refugiarse en los cómodos eslóganes: articular un discurso serio para articular la lucha. La honestidad intelectual, la verdad, el pensamiento; nunca fue tan revolucionaria: hay que quitarle la máscara al monstruo que atenaza nuestras sociedades anestesiadas, hay que prestigiar la razón.


Para ello una de las primeras medidas debe ser emanciparse de la moral hipócrita que tiene secuestrada nuestra capacidad crítica: no entrar por el aro de críticas y condenas parciales dictadas por la agenda de los medios de comunicación, ir al corazón de los problemas, a la fuente y el motor de miseria en el mundo, el capitalismo, entendido también como una fuente de perversión moral, un demonio del que es preciso extrañarse, para poder valorar la justa dimensión de las cosas.


Junto a la razón como instrumento, es necesario prestigiar la disciplina, la responsabilidad y la conciencia de nuestros propios deberes, la sinceridad, la honestidad y la crítica deben mantenerse alerta, la corrosión moral, el pensamiento vago y miserable nos mantendrá prisioneros de la caverna.


jueves, 11 de marzo de 2010

Sobre los toros

Creo que en este tema existen, como en todos los conflictos de moralidad-política, varios niveles, y cualquiera de ellos debe ser situado en su lugar jerárquico y contextualizado.

La "nuez" de la cuestión en este caso, el hecho en sí mismo, es si la fiesta de los toros es un hecho positivo o no, en sí mismo. Yo creo que no lo es, pues para mí es esencialmente el maltrato y muerte de un animal (yo no le llamaría tortura, pues en la tortura el dolor es el motor del acto, la parte esencial y buscada; mientras en las corridas de toros el dolor es algo más bien obviado, y lo que se busca es un espectáculo ritual basado en la lucha hombre-bestia, pero no en el dolor en sí mismo)

Ese hecho se puede justificar (contextualizar) dentro de una "tradición", como una especie de ceremonia, rito o festejo folclórico, con importantes valores identitarios para una comunidad. No creo que eso deba ser menospreciado, y me parecen muy hipócritas y rastreros quienes se cobijan en la crítica al hecho del maltrato animal, cuando en realidad lo que quieren derribar es la comunidad/identidad que alberga la fiesta de los toros, hipocresía que crece aún más cuando esas mismas personas ignoran o no atienden otros casos de maltrato animal o directamente al medio ambiente mucho más flagrantes. En ese sentido es cínica la actitud de quienes aceptan las condiciones que sufren los animales en las granjas por ser algo "necesario", para mantener nuestro sistema de vida; el mismo sistema de vida que ha puesto en jaque nuestro propio medio natural.

Por otra parte hay una instrumentalización igual pero en sentido contrario, de quienes utilizan la fiesta de los toros como elemento identitario de una hipotética "nación española", es decir, quienes buscan la hegemonía de una identidad-comunitaria por encima de otras en el ámbito de nuestro estado, al que quieren dotar de una estructura jerárquica de identidades, subyugando y colonizando otras culturas regionales, tomando una parte por el todo para constituir el estado en nación para bloquear eventuales procesos de articulación nacional en ciertas regiones en un proceso fraudulento y poco democrático, de imperialismo intra-estatal. Yo creo que la nación española, si llega a constituirse algún día, no debe ser como "tapón" de otras pujantes identidades regionales, ni como mutilación de las mismas, sinó como síntesis o convergencia de todas ellas, proceso del que cada vez nos alejamos más, pues hemos tomado la senda de la dialéctica.

Por todo ello, creo que la fiesta de los toros es algo negativo en sí mismo, que forma parte de la identidad de una comunidad, que en cuanto tal debe ser respetada, y que sólo puede ser atacada dentro de una crítica global y sistemática a todos los tipos de tortura, maltrato y explotación a los animales y la naturaleza en general, que debe ser puesto en su lugar en tal contexto y que en todo caso no debe ser utilizado como arma de oposición o lucha de dominio nacional de una comunidad sobre otra, o de una mayoría cultural sobre una minoría. En este caso, como en todo, el primer valor debería ser la honestidad.