viernes, 27 de noviembre de 2009

AL MARGEN

La prohibición en Polonia de los partidos comunistas y de la simbología relativa a tal ideología es la enésima prueba de que nuestro continente se hunde en el fascismo. La izquierda que se considera tal no debe seguir formando parte de esta farsa, debe pasar a la ofensiva, plantearse la construcción de su sociedad como un valor absoluto, abandonando esta nave podrida, acaparando lo que es nuestro, su madera.

El gran engaño radica en la idea de democracia que venden estos regimenes capitalistas, como si una democracia fuera la mera conformación de una "mayoría" representada en las urnas a intervalos regulares de tiempo. El campo semántico es el principal campo de batalla, y es necesario empezar a desenmascarar estos artefactos que confunden el mapa conceptual de los ciudadanos, encerrándoles en un laberinto de contradicciones e incertidumbres. La democracia es la soberanía popular. No existe democracia cuando el pueblo está desarticulado, atomizado, dividido, alienado, cuando la opinión está secuestrada y domesticada por los grandes medios de comunicación, y el campo del pensamiento se reduce a unas grandes autopistas donde sólo algunas ideas pueden circular, mientras otras son apartadas en los arcenes, condenadas a ir a pie, arrojadas a los márgenes mudos de los textos. La democracia es poder, capacidad de decisión y de autogorbierno. Y aquí hay un primer concepto de esta ideología dominante que habría que desmontar: las mayorías que se conforman en los regimenes capitalistas no representan ninguna voluntad popular, son calcos de una situación precaria, sin valor en terminos políticos. No tiene por qué ser respetada, y mucho menos reverenciada, como mera mayoría estadística. No mientras no venga filtrada y pulida de todas las influencias y poderes fácticos que están condicionando su expresión, no debe serlo, si no ha nacido de la reflexión, sinó de respuestas irracionales, emocionales o reflejas. En ese sentido no tiene más valor que los balbuceos de un niño que intenta pronunciar sus primeras palabras, repitiendo lo que oye, ensayando sonidos aislados, ejercitando los músculos de su boca. La opinión de una sóla persona, si es una opinión propia, genuina, nacida de la reflexión o de su pensamiento; o la opinión de un pequeño grupo de personas que tiene oportunidad de debatir y conversar; tiene mucho más valor que los mandatos ciegos de las urnas, producto del aparato digestivo del regimen, que funda cabezas de puente en la opinión de grupos y colectivos ciudadanos, que coloniza las conciencias, que se basa sobre la estupidez y la inercia de las masas.

Por eso no debemos tener complejos de rechazar esta falsa democracia, que es un fascismo enmascarado. Por eso debemos ser sordos a los ladridos de los que intentan frenar la reconquista de nuestra propia conciencia de pueblo, de nuestra soberanía fundada en la acción y el debate, de los que quieren impedir la roturación de los márgenes abandonados e incultos.


lunes, 9 de noviembre de 2009

INTRAMUROS

Hace hoy veinte años caía el "Muro de Berlín" sobre nuestros derechos sociales. Lo cierto es que más que caer el muro fue derribado con la implicación de la RFA, los EE.UU y las potencias occidentales. Es un tópico decir que los alemanes del Este no tardaron en descubrir que la realidad del capitalismo no era la que les habían vendido desde las televisiones occidentales, que había otra cara de la medalla y que esta tuvo un enorme empuje una vez que el sabueso neoliberal pudo retozar a su gusto entre los escombros del antiguo bloque del Este. Puede ser también un lugar común decir que mientras asistimos a la celebración a bombo y platillo del aniversario de la llamada "reunificación", otros muchos muros, más altos y tenebrosos, cierran ese mismo paraíso capitalista a masas humanas mucho más desesperadas e infinitamente más necesitadas que los alemanes orientales; muros que en otros casos encierran a pueblos enteros en ghettos, obligándoles a macerarse en su propia pobreza. Por otra parte puede que el muro de Berlín fuera un símbolo del fracaso del socialismo real a la hora de convencer a su pueblo de las bondades del nuevo sistema, aunque hay que reconocer que quizá fuera necesario levantar aquel dique para detener la marea capitalista que inundó europa desde el Atlántico, y que sólo gracias a él se puso coto durante unas décadas a esa marea con el Estado de Bienestar. Pero no nos engañemos: es este lado del antiguo muro el que sigue totalmente vallado en su perímetro, pues el esplendor del que algunos disfrutan aquí dentro no es sinó el botín arrebatado a las tres cuartas partes de la humanidad que languidecen fuera. En todo caso aquel muro nunca habría existido si la riqueza y los derechos que a todos nos corresponden no estuvierans secuestrados en la fortaleza inexpugnable del capital, que desde su torre de homenaje ni siquiera garantiza el bienestar a todos los que nos refugiamos intramuros.

jueves, 5 de noviembre de 2009

LOS VERDADEROS PIRATAS

Hace quinientos años los corsarios ingleses saqueaban los galeones españoles que llegaban de las indias, cargados del oro expoliado a los pueblos del recién "descubierto" continente americano. Aguerridos marinos como Francis Drake, o Walter Raleigh tenían patente de corso para hacerse con el botín de las lentas y pesadas naves castellanas, es decir, estaban amparados por la reina y estaban al servicio de su Estado, del mismo modo que los reyes católicos de España habían convertido el saqueo de los viejos territorios de incas, mayas y aztecas en una próspera industria al servicio de las oligarquías del reino.

Ahora ese mismo reino está en vilo por la suerte de un grupo de pescadores secuestrados a bordo de su barco por "piratas" somalíes. Dicho de otro modo: miembros de una de las mayores potencias mundiales de pesca industrial han sido atacados por un grupo armado de personas nativas de uno de los países más pobres y desestructurados del planeta, que piden una cierta suma de dinero a cambio de su liberación.

Lo que más me llama la atención es que el debate se ha planteado únicamente en términos de si debe embarcarse o no personal militar a bordo de estos grandes buques de pesca; y en el caso de este secuestro en concreto, si esas mismas fuerzas armadas del Estado Español deberían intervenir o si el mismo Estado Español debería pagar el rescate y luego apresar a los secuestradores y juzgarlos de piratería, para lo que al parecer habría que crear un tipo nuevo en el código penal.

La situación es paradójica y embarazosa, sobre todo cuando desde el nacionalismo vasco moderado se llega a exigir al estado que embarque militares a bordo de naves que hasta hoy no habían izado el pabellón español; o cuando desde el buque insignia del pensamiento abertzale de izquierdas, el diario Gara, se presentan las concentraciones de los familiares y vecinos de los marineros secuestrados como si fueran familiares de presos políticos que reclaman el retorno de sus seres queridos, blandiendo eslóganes como "libertad para nuestros arrantzales". Bueno, comprendo que el deseo de los familiares, pero tampoco sé muy bien a quién se pide... ¿se pretende que el ejército español intervenga? ¿que se pague un rescate a los "piratas"? lo segundo me parece la única posibilidad decente, pero en todo caso no dejo de ver una sombra de hipocresía en todo ello. No espero nada de los grandes medios de comunicación al servicio del sistema, pero me sorprende que desde una cabecera como Gara, que se erige en voz de los pueblos oprimidos y tantas veces ha hecho malabarismos para no condenar los crímenes de E.T.A -renuncia a la condena que yo considero legítima, pues la condena es un pronunciamiento moral, y como tal sólo puede nacer de una libre toma de conciencia sobre la intrínseca perversidad de un acto- desde un periódico como Gara, digo, me decepciona que no se haya hecho alusión al tema fundamental: el imperialismo pesquero que lleva a la explotación de todos los océanos por un puñado de países desarrollados, lo insostenible de la pesca intensiva, lo descabellado de un sistema económico depredador en plena metástasis... en fin, la cuestión de si realmente debemos seguir alimentando el monstruo del capitalismo con el fruto de los recursos vedados a otros pueblos, postrados por la guerra y nuestras histórica piratería... ¿acaso vamos a resolverlo todo con el ejército, atrincherándonos en nuestro palacio de invierno que se derrite? ¿Y cuando nos asalten directamente los mares, crecidos por el calentamiento global que haremos? ¿pueden algo los militares contra el cambio climático? Por eso, aunque no se me haya pedido, aunque espero que todo acabe bien y todos salgan ilesos, no sólo no puedo condenar el secuestro, teniendo en cuenta todos los elementos de contexto, sinó que me pregunto dónde están los piratas en esta historia.