El problema de la inmigración no se resuelve con políticas de integración. Eso es sólo un modo de gestionar el problema, no de resolverlo. Actúa sobre los síntomas igual que el hielo sobre la fiebre. Desde luego, mucho peores son las recetas de la derecha, que cuando no mantienen a las personas inmigrantes fuera del estado de derecho y de sus leyes, convirtiéndolas en mano de obra esclava que es a la vez instrumento para recortar los derechos de la clase trabajadora en general; abogan directamente por expulsiones y otro tipo de políticas represivas que violan flagrantemente los derechos humanos más elementales. La izquierda debe pues afrontar este problema de raíz, porque es un problema nacido y alimentado por el sistema capitalista: el problema es que la gente de tres cuartas partes del mundo vive en la pobreza, muchos en la más absoluta de las miserias, y eso tiene que ver, desde luego, con nuestra situación de opulencia. Ellos vienen aquí buscando lo que debería también ser suyo, disfrutar de las migajas de un mundo construido sobre la explotación y el expolio de sus propios países. Y vienen aquí, a ser explotados, a cambio de poder participar de lo que proclamamos a los cuatro vientos como cumbre de la civilización humana. Ahora bien: tener que abandonar la propia tierra, la propia familia y seres queridos es un drama para cualquier persona. El problema es la desigualdad entre los distintos países, el problema es de nuevo, el sistema capitalista, y no se puede afrontar ningún aspecto relativo a la presencia de inmigrantes de estos países empobrecidos en el mundo llamado "desarrollado" sin tener en cuenta que cuando se habla de inmigración, el problema mayor es la emigración por necesidad.
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